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https://www.eluniverso.com/2013/04/04/1/1534/haciendo-musica-desde-cabina.html

Cada vez son más los interesados en hacer música, no solo como artistas sino como ingenieros de sonido que impulsan a bandas locales con estudios independientes y productoras musicales.

Uno de esos estudios en el sector es Fediscos, que nació en 1964 como una fábrica de discos. Este negocio familiar surgió de José D. Feraud Guzmán (+), quien en 1916 abrió el almacén J.D. Feraud Guzmán. Actualmente es un estudio musical y está en el km 7,5 de la vía a la costa. En 1970 se construyó el lugar donde grabaron artistas como Julio Jaramillo, Hnos. Miño Naranjo, Alci Acosta y Reynaldo Egas.

Francisco Feraud, actual gerente del estudio, cuenta que la nueva era arrancó en el 2009 cuando empezaron a trabajar con artistas como Teleácidos, Cadáver Exquisito, Luis Rueda, Biorn Borg, Abbacook, Cactus Gamarra y más.

“En Fediscos no se graba, se produce. Cada artista sale con su propia identidad de sonido. Seguimos siendo una fábrica, ya no de discos pero sí de artistas”, expresa Francisco. Él considera que el auge de estudios musicales se da por el acceso a la web, que permite a los artistas informarse sobre el proceso musical y por el aporte de las nuevas escuelas de producción.

Montar un estudio en casa puede costar unos $ 10.000, según Francisco. El costo de una canción es de $ 500, mientras que un EP puede costar $ 2.500 y un LP $ 5.000.

Hacen conciertos en el lugar para que las bandas se den a conocer y al momento de lanzar un disco ya tengan un público que los acepta. “No nos interesa grabar a artistas que solo van a tener su disco en su casa y unos cuantos en la casa de sus amigos”. Además guían al artista en su propuesta, técnica, sonido en vivo e incluso su imagen. Suelen hacer videos del making of de la producción para promocionarlos.

Pomocionar a través de eventos es una estrategia que también aplica Carlos Bohórquez, director de Ermitaño Récords, ubicado en el edificio Borkis Enterteinment en la Kennedy. Carlos trabaja en producción musical desde el 2005 y hace un año abrió su casa disquera independiente. En el Café Alquimia, que queda en el mismo lugar, hacen conciertos con los artistas de la disquera. Los discos se venden on-line en el sitio ermitanorecords.com.

Como músico siempre se interesó en grabar, pero no pudo hacerlo en la década del 90, por eso se propuso estudiar Producción Musical y lo hizo en Estados Unidos y México. Empezó grabando a su propia banda Mamá soy demente, en un estudio improvisado. Desde que dirige El Ermitaño ha trabajado con grupos guayaquileños como Niñosaurios, Los Brigante y Orgasmo Sónico, Los Pescados de Portoviejo y La doble de Cuenca. Actualmente hacen con los Expiadores de Petaluma el soundtrack del primer videojuego de Ecuador que saldrá al mercado en julio. “Hay el triple de cantidad de bandas. En los 90 no había más que tres o cuatro en la ciudad”, dice Carlos, quien opina que esto se da porque ser músico dejó de ser solo un hobby.

Grabar un disco o EP puede tomar desde tres meses a un año, según la complejidad del sonido de cada artista.

Lenín Vargas abrió Osso Producciones hace trece años, al sur de Guayaquil. Fue el primer estudio que decidió hacerlo en digital en la ciudad, y les decían que estaban locos por apostar por una computadora en vez de hacerlo a la antigua.

Luego se cambió a Las Cumbres y se trasladó el estudio, que en estos días sale de remodelación.

“Lo abrimos porque con L.E.G.O (grupo al que pertenece) habíamos ahorrado dinero de las presentaciones y no queríamos gastarlo en un lugar cualquiera, entonces decidimos invertir”, explica el músico, que trabaja con dos personas más de planta, una de ellas también de la banda, Eduardo Mckenzie. Además de ser productora de música se dedican también al multimedia. Luego de experimentar grabando su propia música y mejorar con el tiempo se dieron cuenta de que lo hacían bien y comenzaron a trabajar con músicos externos. Han grabado, entre otros, material de Mirella Cesa, Johanna Carreño, Tania López, Nikki Mackliff y grupos de heavy metal y punk. En Osso usan sistema Apple y el programa Logic Pro.

Respecto a la competencia, Lenin cuenta que el 80% de artistas o clientes que llegan al estudio ya han pasado por algún lugar más barato, decepcionados por la calidad de resultado. “Nosotros también comenzamos así, pero no ofrecimos nada al público hasta hacerlo realmente bien”, añade.

En cambio, Vico Cueva abrió su estudio Cueva Récords hace cinco años con la intención de hacer su música. Lo hizo primero en Puerto Azul y hoy queda en su vivienda en Colinas de Los Ceibos. En su estudio graba su banda, Tres, y a veces tiene otros clientes. “Amo esto, puedo amanecerme, quedarme horas, hasta las cinco, seis, ocho de la mañana”, señala.

Vico aprendió este hobby comprando libros y tutoriales por internet, también en clases on-line intensivas. Usa sistema operativo de Apple y el software Cubase y marcas como KRK, TC Electronic, Universal audio, entre otras, con unos 9 mil dólares de inversión.

“Tuve trabajos normales en empresas buenas, pero me di cuenta que eso no me atraía, siempre me gustó la música”, cuenta Enrique Panchana, dueño de LineOut. Así que gastó las utilidades que le dieron en una de esas empresas, dos mil dólares, y empezó a construir un estudio en el garaje de la casa de sus padres, en La Atarazana, en abril del 2003. Le alcanzó solo para “las paredes y el techo”. Durante los primeros años iba en contra, se “comía la camisa”, pero luego consiguió grabar las canciones de las obras del colegio Abraham Lincoln y luego del Nueva Zelanda y Logos. Después vinieron los alumnos o amigos con sus grupos de rock, así fue ganando dinero para equipar el estudio, que ahora tiene recubrimiento en las paredes, dos monitores, guitarra, bajo, batería e interfases, entre otras cosas.

Popi, como lo conocen en el mundo musical, aprendió todo solo, a tocar instrumentos (guitarra, bajo, batería) y a usar los programas y consolas leyendo y estudiando en internet. Dice que este es un buen trabajo, que te permite vivir, “soy mi propio jefe y debes ser como un doctor, estar al tanto de lo último que pasa, bajarte el último software o te quedaste”. En LineOut graban música y jingles, y Popi da clases de instrumentos los meses bajos para artistas, de enero a mayo.

Como Luis Rueda está más vinculado con el rock, busca en su estudio Casa Alternador que los grupos tengan un espacio con posibilidades de grabar con suficientes canales, varios tipos de guitarras y con amplificadores de verdad y sonido fiel. “Salir del típico plug in, que suena bien pero es un emulador de computadora”. Casa Alternador funciona en donde hasta hace unos meses estaba Sonarte, en la Kennedy nueva (av. Olimpo 212). Ese estudio era de Daniel Sais, quien se mudó a Quito y le dejó a Luis un espacio para que ponga sus equipos.

Historia

El primero La industria fonográfica nació en 1930 cuando se grabó el primer disco del dúo Ecuador, de Nicasio Safadi y Enrique Ibáñez Mora. Fue impreso en Estados Unidos.

Empresa En 1946 por iniciativa de Luis Pino Yerovi, propietario de Emporio Musical, inauguró Industria Fonográfica Ecuatoriana S.A. (Ifesa) con la grabación del pasillo En las lejanías, de Carlos Aurelio Rubira Infante y Wenceslao Pareja. Fue la primera producción creada, grabada, fabricada y vendida en el país.

Otros sellos En esa época también abrieron Fénix y Rondador, que desaparecieron en pocos años.

Cómo se grababa Antes los estudios no tenían paredes aisladas y grababan en las noches para evitar el ruido. Lo hacían directamente al acetato desde un solo micrófono. De ahí pasaba a la prensa y el disco era copiado y se sacaba a la venta.

Moderno Años después se grababa en cinta magnetofónica, se editaban los errores y después al acetato. En el departamento de galvanizado se elaboraba otra matriz, a partir del acetato, para llevarla a la prensadora, que ya en los 70 era semiautomática e imprimía discos de vinilo (la pasta se traía de EE.UU. o Francia) de 45 y 33 revoluciones por minuto (RPM).

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